21 de febrero de 2017

Reseña del libro: Frantenstein

Tras los lúgubres cristales que empañan un oscuro laboratorio de Ingolstadt, un joven y brillante universitario de orígenes ginebrinos busca ansioso en los cauces de la filosofía natural, el inesperado torrente que ha de guiar sus conocimientos hacia la materia que modela el elixir de la vida. Allí, entre el cadente paso de las estaciones, las fuerzas sobrenaturales irrumpirán de súbito, forjando la conexión química de una monstruosa y abominable criatura, y contemplando así el nacimiento de una especie desconocida hasta el momento y que, asombrosamente, comparte tanto aspectos primitivos y salvajes como rasgos de personalidad semejantes al ser humano. Desde ese fatídico y crucial instante y ante el abandono de su propio creador, el doctor Frankenstein, nos deslizaremos en un vertiginoso y arduo recorrido por idílicos parajes del norte de Europa, que nos llevará a bucear entre helados lagos y congelados océanos que ciernen un  perpetuo y asolado invierno en las entrañas de ambos protagonistas, sepultando los razonamientos de Frankenstein bajo macizas montañas de melancolía y resentimiento, o desatando la terrible perversión de la bestia, cuya transformación sentimental sumida primero en la soledad y el vacío, de pronto, albergará un desproporcionado odio que sembrará el caos, desencadenando un reguero de crímenes atroces; trocando igualmente y sin remedio la prometedora vida de su progenitor, arropada con el afecto y el calor de sus seres más queridos, a una despiadada pesadilla surgida del más cruel de los infiernos, y tornando su sobrecogedora estampa familiar en un mar de hielo, que paraliza cada mínimo sentimiento y colapsa en rígidos bloques polares cada resquicio de pensamiento.

“Frankenstein o el moderno Prometeo” nos introduce con maestría en un siglo XVIII conducido por los avances y logros que, progresivamente, iban llevando novedosos adelantos y descubrimientos en los diversos campos que abarcaba la ciencia, inmersa en aquel periodo en plena Revolución Científica. Asimismo, nos abre la llave del mundo experimental para hacernos dilucidar constantemente, sobre la imperceptible chispa que prende y delimita el tenso hilo que separa la frontera entre la vida y la muerte. Con un sofisticado vocabulario y una narrativa honda e inquietante, la autora teje la propia conducta de los personajes de manera sublime, induciéndonos a una profunda reflexión y transmitiéndonos un mensaje de crítica social que, lamentablemente, seguimos observando en nuestro presente; dejándonos entrever a través de las cavilaciones del monstruo, la patente discriminación de la sociedad que, en lugar de enriquecerse con todo aquello que notamos diferente, en muchas ocasiones, lo aparta y lo desprecia arrinconándolo en el lado más sombrío de la marginación. Mary Shelley nos adentra por la bella espesura de bosques alpinos para desembocar en la continua meditación de Frankenstein que carga con la losa de la culpa, o la terrorífica mutación del sentir de la criatura, en la que creación y destrucción se interponen mutuamente. La escritora británica, por medio de una prosa que exhala frescura, nos plantea, lejos de la figura de terror interpretada posteriormente en el cine, el conflicto ético que conlleva la ciencia en todas sus disciplinas y, además, nos muestra la realidad interior de los protagonistas, y lo hace aún dos siglos después de que esta obra literaria viera la luz,  lanzándonos una mirada igualitaria y equitativa que consiga traspasar y desechar la gruesa tela que borda por fuera nada más que las apariencias. Con transparente nitidez, Mary Shelley compuso una imprescindible novela de ciencia ficción que aunque hoy forma parte de los grandes clásicos, rellena también las páginas de una literatura muy actual, en la que se resaltan una serie de comportamientos moralistas llevados al borde de un precipicio que vamos divisando entre tinieblas teñidas por claros y sombras.


*Reseña: Raquel Victoria

El monstruo de Mary Shelley

Mary Wollstonecraft Shelley pasaba el verano de 1816 junto a su amado Percy Shelley en el lago Leman (Ginebra). Cerca de ellos vivía el célebre poeta inglés Lord Byron, que tenía una aventura amorosa con Claire, hermana de Mary. El tiempo fue especialmente malo ese verano, llovía a mares y el cielo nocturno se iluminaba con enormes relámpagos. El clima acompañaba la vida interior de los jóvenes románticos, nerviosos y excitados. Se leían mutuamente historias de terror y tenían alucinaciones mientras fuera rugía el temporal.

Una de estas noches tormentosas, Byron les propuso escribir ellos mismos historias de terror. Al principio, a Mary no se le ocurría nada, mientras el resto del grupo hacía aportaciones de todo tipo, aunque sin gran entusiasmo. Dos días más tarde, Mary tuvo una pesadilla. En medio del sopor, antes de quedarse definitivamente dormida, vio ante sí al doctor Frankenstein y a su horrible monstruo. Acababa de nacer un mito.

La historia comienza en el Polo Norte. Un día el explorador Robert Walton ve de lejos a un ser de aspecto casi humano que pasa rápidamente montado en un trineo tirado por perros. Al día siguiente la tripulación acoge a bordo a un hombre medio congelado, es el doctor Frankenstein. El ártico es la última estación de una interminable persecución en la que no está claro quién sigue a quién: ¿El doctor Frankenstein acosa a su espantosa creación o es el monstruo el que hostiga a su creador?

Una vez a bordo del barco, el doctor Frankenstein le narra su historia a Walton. Siendo un joven investigador, la ambición le había impulsado a concebir la idea de crear un ser humano. Tras largos años de experimentos, logró hallar el elixir de la vida. Esta sombrosa fórmula le permitió despertar a la existencia a un gigante compuesto a base de trozos de cadáveres.

Más tarde, el doctor Frankenstein sintió remordimientos al comprender lo que realmente había creado y por eso sintió alivio cuando el monstruo desapareció de su laboratorio. La criatura huida vaga por el campo, pero busca conectar con la civilización. Leyó a Plutarco, el Paraíso de Milton y Las desventuras del joven Werther de Goethe, sin embargo, su espantoso aspecto hacía que su educación le resultase inútil, allí donde aparecía, las mujeres se desmayaban, los niños salían huyendo despavoridos y los hombres buscaban instintivamente la horca de labrador. El engendro solitario solicitó al doctor Frankenstein una compañera que fuera tan horrible como él, pero el científico imaginó con horror lo que pasaría si la pareja engendraba nuevos monstruos y resolvió que no le crearía una compañera femenina. El monstruo, cegado por la ira y la decepción de un ser marginado que busca afecto y solo es capaz de causar espanto, decidió aniquilar a su creador. Asesinó a todas las personas a las que amaba el doctor Frankenstein: a su hermano, a su amigo y a su prometida, y el doctor juró perseguirle hasta que uno de los dos muriera.

La caza concluye en el Polo Norte. El doctor Frankenstein muere de agotamiento en los brazos del explorador Walton. El monstruo anuncia que él mismo se prenderá fuego, la imagen final describe cómo se aleja el monstruo sobre un témpano de hielo y desaparece en la oscuridad de la noche.

Durante las tormentosas noches del verano de 1816, los románticos ingleses conversaron sobre la posibilidad de crear vida artificial. Hablaron de los experimentos del profesor italiano de anatomía Luigi Galvani, que había observado unos años antes cómo unas ranas muertas comenzaban a moverse convulsivamente si las tocaba con la hoja de un bisturí cargada de electricidad estática. También se fijaron en el extraño experimento del doctor Erasmus Darwin (abuelo de Charles Darwin) que había logrado infundir movimiento a un trozo de fideo. De acuerdo con las teorías más novedosas del momento, la electricidad era fundamental a la hora de dar vida a la materia muerta. En el siglo XVI, el célebre médico suizo Paracelso creyó que podría crear un pequeño ser humano (homunculus) de una mezcla de esperma y sangre enterrada en excrementos de caballo.

Como es natural, Mary Shelley no fue muy precisa a la hora de describir los medios con los que el doctor Frankenstein dio vida a su creación, por lo visto, la autora imaginó una combinación de electricidad, una chispa divina y genialidad, por eso le puso a su novela el subtítulo de El moderno Prometeo. El romanticismo descubrió al hacedor de hombres Prometeo (personaje mitológico que insufla vida a sus figurillas de barro mediante el fuego) como símbolo de los artistas creadores. El artista no imitaba a la naturaleza, sino que la generaba de nuevo. Se consideraba la escritura como un acto de creación. Los artistas se convirtieron entonces en hacedores semejantes a Dios y se calificaba de genios a los individuos que poseían esta capacidad extraordinaria. El genio tenía el don de recrear el mundo mediante un acto de imaginación.

Mary Shelley sustituyó el genio artístico romántico por el investigador. Su Prometeo moderno no es un poeta sino un científico megalómano. Así concibió la imagen de una ciencia que ocupa el lugar de Dios, pero cuyas creaciones se malogran horriblemente, por eso resulta tan fascinante el mito de Frankenstein.

*María Dubón

7 de febrero de 2017

Celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

El viernes 17 de febrero, a las 18 h. tendrá lugar en el CDAMAZ (Pº Echegaray, 18. Zaragoza) un acto con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. El club de lectura Palabra de Mujer participa con la lectura de un comentario sobre el libro de Rachael Carson, «Primavera Silenciosa».



Más información sobre otros actos en: www.11defebrero.org


Descarga la lectura sobre «Primavera silenciosa», de Rachel Carson, que se leerá en el acto de celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, en el CDAMAZ.

26 de enero de 2017

Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia



El 11 de febrero es el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. El Club de Lectura Palabra de Mujer participa en los actos conmemorativos con un comentario de la obra Primavera silenciosa, de la bióloga Rachel Carson. 

Libro del mes de febrero: Frankenstein


Título: Frankenstein


Autora: Mary Shelley

Reseña del libro: Historia de una maestra

La escuela no es un lugar para hacer fieles, sino un lugar para aprender lo más posible y llegar a ser hombres y mujeres cultos.


La novela Historia de una maestra forma parte de una trilogía a la que siguen los títulos: Mujeres de negro y La fuerza del destino. Josefina Aldecoa narra en ellos las vidas de su abuela y de su madre, ambas maestras en colegios rurales.

Historia de una maestra comprende el periodo que va desde los años 20 hasta el comienzo de la guerra civil española. Era un día de octubre de 1923. Gabriela López Pardo, la protagonista, acaba de cumplir 19 años, se encuentra en Oviedo, a punto de recoger un certificado que la acredita como maestra. Su sueño se ha hecho realidad. Al conseguir una plaza en propiedad, tras tres interinidades, viaja a Guinea Ecuatorial. Un mundo nuevo la espera cargado de sorpresas y de dificultades que la harán más fuerte y ratificarán su vocación docente. Aquellos niños marcados por el hambre, la enfermedad y el atraso quedarán para siempre en su recuerdo. Al final, la soledad, las habladurías por su amistad con un hombre negro, Emile, y las fiebres, determinarán su regreso a España.

Su boda con Ezequiel, un maestro de ideas libertarias destinado en el pueblo de Arriba, y el nacimiento de su hija Juana, serán el inicio de una nueva etapa personal y laboral, pues la pareja aboga por la escuela abierta e incluso imparten clase a adultos.

El traslado a un pueblo minero asturiano será un factor determinante para ver otra realidad social, las penurias económicas, la dureza del trabajo, la perentoria necesidad de un cambio que la República no logra materializar, animan a Ezequiel a unirse al grupo que planea unas revueltas como medida de presión. La cárcel y la ejecución vendrán a sumarse a las dificultades que habrá de afrontar Gabriela.

Josefa Rodríguez Álvarez, Josefina Aldecoa, además de escritora fue pedagoga y fundó en Madrid el Colegio Estilo, basando su ideario en la Institución Libre de Enseñanza: con amplia formación humanística y sin clases de Religión, algo impensable en la época. Historia de una maestra es el retrato de un tiempo no muy lejano de nuestra historia, de un país que atraviesa un periodo convulso, el previo a la guerra Civil, y de unas gentes abocadas a la miseria y sin recursos para defenderse debido a su analfabetismo. Con un ritmo ágil y ameno, Josefina Aldecoa describe las duras condiciones de trabajo de los maestros y  maestras de la República, no siempre bien aceptados en un entorno rural, puritano, religioso y tradicional.

Josefina Aldecoa dedica esta novela a su madre, ya que era ella la que le contaba sus vivencias como maestra, y hace explícito en el prólogo su homenaje a los maestros de la República, que trabajaron en unas durísimas condiciones y se esforzaron por sacar a España de la incultura que padecía.

*Reseña: María Dubón

Reseña del libro: Historia de una maestra

A través de los surcos enrevesados de la memoria, difusos recuerdos van emergiendo pausadamente, hacia la superficie de los pensamientos que van envolviendo a Gabriela. A veces, entreverando retazos de su vida en aquellos instantes que el alimento de un tiempo claro y enfebrecido, le hace rememorar con nostalgia; y otras, reviviendo días pasados sumergidos por completo en la penumbra opaca de las tragedias. Nos vamos amoldando a los pasos de Gabriela para ir descubriendo a su lado, su propio camino, vamos vislumbrando su íntimo empeño y su enérgica lucha por ser aquella maestra que fue, siempre con su mirada puesta en una enseñanza donde la raíz de sus lecciones sobresaliera en conocimientos y con los valores humanos como base indispensable, evitando, de ese modo, que ninguna distinción del tipo que fuera, acabara saliendo a flote. Y, todo ello, lo hizo cosiendo el tejido de un largo sueño, nutrido, a su vez, por el poso acumulado de los años, que le llevaron a entrever el progreso al igual que una contagiosa ignorancia que, día a día, atravesaba los muros de la mayoría de los hogares españoles. Vamos observando así, desde el aislamiento de los pueblos del norte del país, alumbrados apenas por tímidos rayos de sol en un extenso paisaje de montañas perdidas; y hasta notar la caricia asfixiante en la piel de la selvática África, embriagándonos de la exuberante flora en una apartada isla colonial en mitad del ecuador. Sin embargo, y aunque ambos lugares son muy dispares entre sí, comparten precariedades semejantes y las mismas necesidades educativas entre sus niñas y niños: una abismal carencia cultural ensombrecida por un analfabetismo que recorre ríos guineanos al igual que corrientes peninsulares. Por ello, Gabriela, a través del tesón y la constancia, aunará fuerzas con su marido, también maestro, y junto al resto de compañeras y compañeros de oficio para intentar transformar de arriba abajo un mundo, que irán conduciendo hacia las claves del avance, aun con el arrastre de los roles tradicionales que todavía afloran en Gabriela, lejos ya de aquella aventura que le brindaron las tierras africanas, y arropada ahora por ese vital sacrificio de las maestras y maestros para borrar el desconocimiento que engloba a sus pueblos. En cambio, sus proyectos y ensoñaciones, pronto y drásticamente, serán arrasados por la oscura manta de la intolerancia.

“Historia de una maestra” nos introduce con facilidad, en el complejo universo de la educación en la España de los años veinte, dilatándose en el tiempo hasta el mismo comienzo de la contienda bélica. Nos hace entender, de una manera muy cercana, la pésima vida de las maestras y maestros rurales, teniendo que dar sus clases de una forma bastante rudimentaria  en aquellos pueblos de la España profunda, donde, desde luego, el agua corriente y la luz eléctrica constituían adelantos imposibles de llegar. Nos retrata también, la complicada vida para una maestra blanca y mujer en la colonia guineana, en la cual, además, se imponía la barrera de la lengua nativa. Asimismo, miramos por una resplandeciente mirilla, los grandes logros que, con espléndido fervor, trajeron un movimiento cultural en la sociedad española inédito hasta aquel preciso momento, en el que la II República guio e introdujo las letras en lugares antes insospechados, llevando el aprendizaje y el saber hasta acaparar mentalidades obreras y campesinas con sus teatros y bibliotecas ambulantes. Con un lenguaje directo, veraz y que consigue atraparnos, la autora reconstruye una época dorada de nuestra historia, sepultada por el crudo y represivo desenlace que aconteció con la Revolución de Octubre, y que, poco más adelante, acabaría frustrando en totalidad el estallido de la Guerra Civil, partiendo durante demasiadas décadas aquella esperanzadora enseñanza que promulgaba la coeducación, la laicidad y la igualdad en todos los aspectos. Sin duda, esta novela nos muestra la realidad de una sociedad española que aquellos docentes pretendían abrir rompiendo costumbres y traspasando fronteras, y lo hacían por medio de una labor que quería saltarse, de una vez por todas, las líneas entumecidas por siglos de polvoriento retraso.



*Reseña: Raquel Victoria